2026-05-21
Fotos: Olite.com.es
En pleno corazón de Olite, donde la historia se respira en cada calle, hay negocios que forman parte del tejido vivo de la localidad. Uno de ellos es la Casa del Preboste, un restaurante gestionado por Estrella Mugica, que abrió sus puertas en julio de 1999 tras un ambicioso proceso de rehabilitación que transformó una casa del siglo XV, prácticamente en ruinas, en un espacio gastronómico con identidad propia.
La historia comienza dos años antes de su inauguración, cuando el edificio —antiguo, deteriorado y con una estructura muy dañada— fue adquirido con la intención de devolverle la vida. La reconstrucción respetó elementos originales como los arcos, el pozo, la entrada y la fachada, logrando conservar su esencia histórica mientras se adaptaba a un nuevo uso.
De Suiza a Olite: un origen inesperado
Detrás del proyecto está Estrella Mugica, cuya trayectoria no comenzó en la hostelería local. Antes de regresar a Navarra, trabajó en Suiza, en una pizzería italiana, y también gestionó un centro gallego donde se combinaban encuentros sociales con cocina típica española. Aquella experiencia, junto con la intuición y una oportunidad familiar, fue el germen del negocio.
La idea de introducir pizzas en la carta —algo poco habitual en la zona hace más de dos décadas— surgió precisamente de esa etapa en el extranjero. Fue una apuesta arriesgada en su momento, pero el tiempo demostró que funcionó: el público respondió positivamente y el restaurante comenzó a consolidarse.
Filosofía clara: producto local y cocina reconocible
A lo largo de sus 27 años de trayectoria, el establecimiento ha mantenido una línea de trabajo muy definida. Más allá de las pizzas, su propuesta se basa en la cocina casera, los productos de temporada y el enfoque de “kilómetro cero”, hoy tan valorado.
Verduras como la alcachofa, el cardo o los espárragos protagonizan la carta en sus respectivas temporadas, mientras que las carnes —muchas de ellas a la parrilla— y los guisos tradicionales completan una oferta que busca el equilibrio entre tradición y adaptación a los nuevos hábitos. Aunque se han incorporado platos más demandados como hamburguesas, la esencia del restaurante sigue intacta.
Adaptarse sin perder la identidad
El paso del tiempo ha traído cambios en el perfil del cliente. Si en sus inicios predominaba el público local, hoy el restaurante recibe tanto a vecinos como a turistas. El crecimiento del turismo en la zona ha sido notable, especialmente en fines de semana y durante el verano.
Sin embargo, este aumento también ha traído una mayor diversidad en las preferencias: desde quienes buscan una experiencia gastronómica completa hasta quienes optan por opciones más informales. Ante este escenario, Casa del Preboste ha sabido adaptarse sin perder su identidad, ajustando la carta cada año pero manteniendo su esencia.
Una referencia que marcó tendencia
Según explica la propia Estrella Mugica, el negocio ha sido pionero en ciertos aspectos dentro de la restauración local, marcando una línea de trabajo que posteriormente han seguido otros establecimientos. Su enfoque en la relación calidad-precio, la estructura de los menús y la apuesta por el producto han servido de referencia en la zona.
Pero el camino no ha estado exento de dificultades. Como en cualquier negocio de larga trayectoria, ha habido momentos complicados que han obligado a replantear estrategias, analizar errores y tomar decisiones clave para seguir adelante. Esa capacidad de adaptación ha sido fundamental para su continuidad.
Orgullo y reconocimiento
Hoy, más de dos décadas después, el balance es positivo. La mayoría de los clientes llegan por recomendación —familiares, amigos o incluso experiencias previas— y el feedback, en general, es satisfactorio.
Detrás de todo ello hay una mezcla de esfuerzo, intuición y aprendizaje constante. Una historia que demuestra que, incluso partiendo de una ruina, es posible construir un proyecto sólido si se tiene clara la dirección.
En una localidad con tanta tradición como Olite, Casa del Preboste se ha ganado su lugar no solo por su cocina, sino por su historia: la de Estrella Mugica, una gestora que apostó por una idea y la convirtió en un referente.