Lo que estáis a punto de leer es la decisión más dura y dolorosa de nuestras vidas. Yo, María, solo he puesto por escrito lo que mi marido, Carlos Ardanaz, ha querido expresar:
Hemos decidido hacer pública esta decisión para que llegue a los políticos, a las asociaciones y a todas las personas que tienen en su mano hacer efectivo el derecho a una vida digna para los enfermos de ELA.
Después de luchar todo lo que hemos podido, de mostrar públicamente el avance y la rapidez de esta enfermedad, con la intención de dar visibilidad a lo que supone vivir con ELA, Carlos y María quieren también dar a conocer una decisión a la que, como nosotros, muchas familias se enfrentan en silencio.
En octubre estuvimos en el Parlamento de Navarra suplicando con toda humildad. Transmitimos nuestro sufrimiento y pedimos -ayuda- y -avance-: La Ley ELA fue aprobada en 2024, pero estamos en 2026, con muchas muertes por el camino. Seguimos sin ayudas. ¡Los enfermos de ELA no tenemos tiempo!
Tras esperar una respuesta a nuestra visita al Parlamento el 8 de octubre de 2025, una respuesta a nuestro auxilio y al de mis compañeros que también están sufriendo, me he visto obligado a tomar una decisión que no quiero. Yo quiero vivir con dignidad, pero esta enfermedad necesita ayudas a domicilio que se prometen y nunca llegan.
Mis necesidades vitales están arrasando a mi familia, dejándola destrozada, especialmente a mi cuidadora principal y esposa, María. Y si sigo esperando, se acabarán las fuerzas. Es un precio demasiado alto que pagar, porque vosotros habéis optado por el silencio como respuesta.
Cuando salimos del Parlamento le dije a mi mujer en el ascensor: Cariño, ya se han olvidado de nosotros: Y veo que no me equivoqué.
Me da mucha pena marcharme, pensando que quienes nos gobiernan miran hacia otro lado ante necesidades vitales que requieren atención y, en su lugar, se pasan la responsabilidad unos a otros mientras el tiempo pasa y fallecemos en la lucha por sobrevivir.
En aquella reunión en el Parlamento ya os lo comuniqué: en vuestras manos está mi dignidad y mi calidad de vida.
Con vuestro silencio, casi seis meses después, y con la misma humildad, hoy dedico estas palabras al Gobierno de Navarra: Gracias a vuestros hechos —o mejor dicho, a vuestros no hechos— he tomado mi decisión. He decidido morir." />