Olite y Carlos III el Noble
En el año 2025 se conmemoraron dos acontecimientos de singular relevancia relacionados con el Palacio Real de Olite: los 600 años de la muerte de su promotor, el rey Carlos III el Noble, el 8 de septiembre de 1425, y el centenario de la declaración de Monumento Nacional del Palacio Real de Olite, el 17 de enero de 1925. El objetivo principal de la conmemoración es resaltar la importancia y trascendencia del monarca, los hechos destacados de su reinado, su repercusión institucional y, especialmente, el valioso legado histórico y artístico que nos dejó en Olite. Su vida se desarrolló entre Francia, donde nace, permanece retenido por tres años y realiza tres viajes; en Castilla, donde apoya militarmente a su suegro Enrique II y nacen cuatro de sus hijas y principalmente en Navarra. Después de siglo y medio de monarcas de dinastías francesas, bastante alejados de la realidad y necesidades del Reyno, Carlos III priorizó su presencia en Navarra y en particular en Olite. Practicó una política de entendimiento y de alianzas matrimoniales con Castilla, Aragón y Francia y posibilitó unos tiempos de paz y desarrollo en todos los ámbitos. Reforzó las instituciones del Consejo Real, la Cort o tribunal de justicia y la Cámara de Comptos, firmó el Privilegio de la Unión de los burgos de Pamplona, erigió el Principado de Viana y favoreció la aristocratización de la sociedad. Apoyó al papado de Avignon y protegió y favoreció a los judíos. Llegó a promover proyectos innovadores como la plantación de olivos o el cultivo de azafrán. Un reinado fecundo. Donde mejor se manifiesta su acción y su legado es en Olite. La elección de la villa como sede real principal dinamizó y enriqueció la vida política, religiosa, social, económica y artística de la localidad. Su predilección por Olite se evidencia en su acción de gobierno: de las 47 reuniones de las Cortes de Navarra celebradas en época de Carlos III (1387-1425), 23 se reunieron en Olite. Aquí se firmó el Privilegio de la Unión, el Amejoramiento del Fuero y por el tratado de Olite de las capitulaciones matrimoniales (6-11-1419) se aseguró el trono para su hija Blanca y sus descendientes. Numerosos personajes del entorno cortesano —nobles, comerciantes, artesanos, judíos...— se asentaron en la villa. El personaje más emblemático fue Francés de Villaespesa, Canciller del reino, doctor en decretos y consejero del rey, del que se conserva la monumental fachada de su palacio medieval en la rúa del Pozo n.º 7. La actividad cortesana animó la vida cotidiana y favoreció el auge de la agricultura, la artesanía y el comercio local. También numerosos vecinos encontraron ocupación en los hostales de la casa real: Johan de Lerga, carpintero en las obras del Palacio; el judío Saúl d’Arnedo, tesorero de las obras del Palacio; Johanchico de Olite, clérigo de eschanzonería; Johan de Olite, mozo y paje de la cámara del rey; Antonico de Olite, miembro de la capilla de música; Bertolet de Olite, juglar; Gracia Lópiz de Argaiz, nodriza del infante primogénito... entre otros.
El Concejo de Olite
Las buenas relaciones del monarca con el Concejo fueron habituales y fructíferas: eximió de tributos, nombró alcaldes perpetuos, aprobó las ordenanzas municipales, concedió el privilegio de celebración de ocho días de ferias por el Corpus Christi e instituyó la Merindad de Olite. El Concejo salió fiador del rey en momentos de necesidad y sus regidores representaron a la villa en diversos actos de la monarquía. Destacó el alcalde Johan Périz Maillata que ejerció de notario de la Cort, maestre del Hostal del Rey y secretario de Doña Blanca, a la que acompañó en su estancia como reina de Sicilia en 1402. En diversas ocasiones el monarca agradeció y favoreció a la villa por la consideración a las grandes alegrías, solaces et placeres que eillos con l’alcalde, jurados, conceillo, vezinos del dicho lugar ensemble fecho le auian. El reinado de Carlos III coincidió con un periodo de prosperidad para la entonces «buena villa», siendo el escenario de la animada vida cortesana. Los olitenses fueron testigos asombrados de la colocación de un reloj en la plaza, de la pomposa exhibición de atractivos ropajes en los paseos por los jardines reales, del desfile de la llegada de distinguidos personajes con vistosos cortejos, de la celebración del Rey de la Faba, del eco de la música trovadoresca, de la celebración de vistosos torneos y peligrosas corridas de toros, o de la presencia de animales exóticos, como el león Marzot, un avestruz, ardillas, papagayos o cisnes. Fueron tiempos de «película». Carlos III ennobleció a Olite nombrándola cabeza de una nueva merindad. Una medida organizativa del reino tendente a una mejor gestión y «mejor gobierno», aunque también influyó la identificación y sintonía del monarca con la villa de Olite y sus gentes. La creación de la Merindad de Olite fue un hecho primordial para la promoción y protagonismo de la villa en la vida política de Navarra a lo largo de la historia. En la actualidad es un título testimonial, pero que lo llevamos con orgullo.
La documentación del Concejo - El Archivo Municipal
La mayor parte de las noticias de su reinado las proporciona la sección de Comptos del Archivo General de Navarra, aunque el valioso Archivo Municipal de Olite también aporta noticias y testimonios de la buena relación con el monarca. Los textos de los pergaminos medievales son elocuentes. Carlos III comunica a las villas del reino que en las ordenanzas de su testamento no hay ninguna cláusula contra los usos y costumbres establecidas en el reino (17-3-1396). Carlos III concede al concejo de Olite unas viñas y heredades en el término de San Martín de Unx (24-3-1397). Carlos III exime, durante veinticuatro años, a la villa de Olite del pago de 361 libras 17 sueldos y 6 dineros que le correspondía pagar por cuarteles, en atención a los buenos servicios que le prestan y por el nacimiento de su nieta Blanca (9-6-1424). Carlos III concede a la villa de Olite el privilegio, a perpetuo, de poder fabricar y marcar objetos de plata con punzón propio (8-7-1425). Privilegio concedido por Carlos III a la villa de Olite para la celebración de 8 días de ferias por las fiestas del Corpus Cristi (12-4-1425). (Este documento consta en un viejo inventario pero no se conserva en la actualidad en el archivo). También conserva las capitulaciones matrimoniales de su hija Blanca con el infante Juan de Aragón (5-11-1419). El valioso códice del Registro de Olite (1224-1537), entre otros, recoge la noticia de la ceremonia de investidura de caballeros el 9 de mayo de 1389 en Pamplona, la institución del voto a San Nicasio —devoción aportada por Carlos II y Juana— o el velatorio de la reina doña Leonor en la iglesia de Santa María.
El Palacio Real
Carlos III fue un gran promotor de las artes en Navarra. Su obra magna fue el lugar donde iba a morar y desarrollar su actividad familiar, social y política: el Palacio Real de Olite. Su construcción fue trascendental para el desarrollo y progreso de la localidad de presente y de futuro. En buena medida, Olite es el Palacio y el Palacio es Carlos III. También construyó otro monumental palacio en Tafalla y reconstruyó el de Tudela y la catedral de Pamplona (hundida en 1390). La construcción del Palacio atrajo a numerosos artesanos y artistas de diversa procedencia que se asentaron en la villa y dejaron su impronta. Su trabajo salió de los muros regios. Thierry de Bolduc, destacado orfebre y relojero, construyó en 1401 un reloj para la torre del Chapitel, el primero colocado en los reinos peninsulares en un espacio público, cuando apenas unas pocas catedrales exhibían un reloj en sus torres. O el caso del gran «maestro de hacer imágenes», Johan Lome, principal artista de las obras del Palacio, en cuyo taller de Olite se esculpieron las imágenes del sepulcro de Carlos III y Doña Leonor de la catedral de Pamplona y se realizaron obras destacadas para los templos de la villa. En Olite se hacen presente de manera singular los emblemas de los Evreux. Su escudo se exhibe en el Palacio, pero también en Santa María, San Francisco y San Antón; su distintivo del triple lazo en el Palacio y las hojas de castaño en el Palacio, Santa María y San Francisco. A los pies del Palacio se encuentra el Jardín Real —en la actualidad la huerta del convento de San Francisco— donde los monarcas diseñaron elegantes paseos con flores exóticas, pero donde también cultivaban frutas y verduras para la mesa real y viñedos para obtener el apreciado condimento «vertjus» y uvas para la elaboración de sus vinos en la bodega de Palacio —magníficamente conservada— y degustarlos en la mesa real. En el Jardín Real se hallaba la pesquera del Palacio.
Iglesia de Santa María
Este año conmemoramos también el centenario de la declaración de Monumento Nacional de la iglesia de Santa María. Para la concesión del título la Comisión reconoció el valioso patrimonio artístico que atesora la iglesia y también valoraron su vecindad e íntima vinculación con el Palacio y los monarcas. La iglesia de Santa María dio culto a devociones aportadas por Carlos II y doña Juana, como la de San Nicasio, protector contra la peste, asumida por voto del Concejo. El templo acogió el velatorio de la reina Leonor de Castilla, el enlace matrimonial de Carlos, Príncipe de Viana, y Agnes de Clèves, las exequias de Agnes y la hija de los monarcas, doña Blanca, testimonió y dejó impresa su devoción a María levantando el claustro adosado a la fachada; una construcción atípica. Carlos III, a pesar de disponer de capilla dedicada a San Jorge y oratorio personal en el Palacio, construyó dos tribunas, la de las damas y la de los caballeros, que accedían desde el piso del Palacio. Tribunas cerradas con celosías, como las que podemos contemplar en numerosos conventos de clausura, desde donde los miembros de la casa real podían participar en el culto o manifestaban en privado su devoción. Los reyes también adquirieron derechos en la iglesia, como era el acceso a la misma por una puerta a pie llano (hoy cerrada). Las tribunas medievales fueron reemplazadas en 1765 por el deterioro que presentaban. De su nueva construcción nos detallan que para los balaustres se eligió el color azul al óleo, las pilastras irían jaspeadas y los botones y mazorcas se dorarían. En los dos óvalos se representarían las armas deste Reyno, si bien al final se optó por las de la monarquía española, con las de Castilla y Aragón y las de Navarra en el escusón, en pequeño. Para su destrucción en 1935 alegaron que «demerecían» o «afeaban la iglesia». Hoy podemos revertir el disparate cometido para perpetuar el recuerdo de tan valioso legado. Se conservan dos testimonios fotográficos históricos de la iglesia con las tribunas: un positivo sobre cristal, tomado en 1915 por Francisco Xavier Parés, del Centre Excursionista de Catalunya, y otro de 1930 del fotógrafo Diego de Quiroga y Losada, más conocido como Marqués de Santa María del Villar. En 1402 las Cortes Generales estaban reunidas en Olite. El día 3 de diciembre, en la yglesia parrochial de Sancta María de la villa de Ollit, en presencia de los reyes Carlos III y doña Leonor, la infanta primogénita doña Juana, casada este día con Juan de Foix, juró ante los tres Estados del reino guardar los fueros, libertades y privilegios a villas y personas, reconociéndola los Tres Estados como heredera del trono navarro. En la iglesia se solemnizaba una capellanía perpetua —denominada «la misa de la reina»— por el alma de Juana, primogénita del rey de Francia y reina de Navarra.
Iglesia de San Pedro
Al igual que las otras iglesias recibe la atención del monarca con ofrendas, limosnas, exención de tributos y celebración de misas cantadas. El templo acoge dos de los trabajos más destacados del taller de Johan Lome: la magnífica talla del «Santiago de Olite” y el relieve funerario de Enequo Pinel, bellamente policromado, con una original Santísima Trinidad con las tres personas. La iglesia de San Pedro era la cabeza de la Iglesia de Olite y estaba estrechamente relacionada con la abadía de Montearagón (Huesca), y el vicario de San Pedro representaba a su abad. Este vínculo pudo favorecer que el abad de Montearagón Juan de Murillo fuera uno de los consejeros de Carlos III.
Convento de San Francisco
La Orden y el convento de San Francisco fueron generosamente favorecidos por los monarcas navarros y en especial por Carlos III y doña Leonor. El confesor de la reina era franciscano, eran elegidos para la predicación, en el convento se celebraban funerales y actos de la casa real y frailes —en número de 13— eran invitados en celebraciones en el Palacio. Recibían ayudas en cargas de uva y trigo, para hábitos, estudios y de gracia especial. Fray Nicolás de Olite, guardián del convento, recibió la ayuda de 8 florines de Aragón, que el rey le concedió de gracia especial para ir al estudio de París en 1401. Vemos también la huella de los reyes en el patrimonio monumental. La obra medieval que conserva el convento muestra los trabajos del taller de Johan Lome. La portada acoge un exquisito Calvario en el tímpano y en su interior podemos admirar dos sepulcros pertenecientes a personajes de la corte de Carlos III. Uno de ellos, identificado por los escudos, corresponde a Pero Périz de Andosilla, procurador fiscal con Carlos III y consejero real y alcalde de la Corte con Doña Blanca. Ambos personajes portan al cuello el collar de la Orden del Lebrel Blanco de la divisa de la «Buena Fe», con el que fueron distinguidos por el monarca. Los otros dos collares conservados los portan Pere Arnaut de Garro y Ferrando de Ayanz en sus sepulcros de la catedral de Pamplona y la Colegiata de Roncesvalles respectivamente. A la misma época corresponden la imagen en alabastro de la Virgen de la Leche (actualmente en el Museo de Navarra) y un San Miguel «plumífero».
Convento de San Antón
El escudo de los Evreux preside el portal de entrada y luce en uno de los patios del convento de San Antonio Abad, más conocido como San Antón, testimonio de la predilección por los antonianos. El origen francés de la Orden y la presencia de preceptores franceses pudo favorecer las buenas relaciones. Tanto Carlos II como Carlos III manifiestan con ayudas, visitas y celebraciones su especial devoción al santo y a la Orden. Entre sus donativos destaca la entrega de un puerco; San Antón es el patrón de los animales.
Doña Leonor
También debemos tener presente a doña Leonor. La reina tuvo iniciativa y participación en la dirección de la construcción del Palacio —se menciona el Palacio de doña Leonor— y en el gobierno del reino, en los tiempos que su esposo atendía sus intereses en tierras galas. Entre sus muros sintió la inadaptación y rechazo que la llevó de nuevo a Castilla, donde permaneció siete años alejada de Carlos, y entre sus muros reconquistó de nuevo la armonía y la felicidad junto al rey. Y también padeció la pena en vida de ver cómo iban muriendo seis de sus ocho hijos e hijas. Por iniciativa de Leonor se instituyó la Cofradía de San Sebastián con motivo de la peste de 1401. Una cofradía de carácter municipal de gran protagonismo en los siglos XV y XVI.
En el códice del Registro del Concejo se recoge la muerte, velatorio y traslado del cuerpo de la reina a Pamplona. Nos dice que el cuerpo dela qual fue puesto en vna atabut et decendido ala yglesia de santa Marta solepnement et fue vellado enla dita yglesia toda la noche por los frayres et clérigos et otros hombres et mugeres dela dita villa en grant multitut.
DEVOCIÓN A LA VIRGEN DE UJUÉ
Carlos y Leonor —y todos los miembros de la casa de Evreux— acudían devotamente desde Olite al santuario de Nuestra Señora de Ujué a dar las gracias o encontrar el consuelo en las desdichas. Siempre agradecido con la Virgen, Carlos concedió favores y exenciones a Uxue y donó la magnífica y principal joya que ha perdurado de aquellos tiempos: el Cáliz de Carlos III; donado con motivo del regreso de Castilla de Doña Leonor. La Cofradía del Vino de Navarra, con sede en Olite, luce en su medalla el Palacio y la copa o cáliz de Carlos III. En las repetidas peregrinaciones de los monarcas a Ujué puede estar el origen de las romerías de las localidades del entorno. nº 77 – octubre de 2025 Al igual que numerosos pueblos de toda la península, Olite también conserva viva la leyenda que habla de la existencia de galerías que recorren el subsuelo urbano. Galerías por las que se podía cabalgar de a dos a caballo y que forman parte de ese mundo de leyenda, que nos las presenta asociadas a pasadizos secretos, salidas del Palacio Real, o formando parte de ese proyecto de ensueño de Carlos III que quiso unir los Palacios de Olite y Tafalla mediante galerías subterráneas. Su carácter magnánimo y buen hacer le hizo merecedor del sobrenombre de Carlos III «el Noble». Cuatro fueron principalmente las localidades agraciadas por el monarca: Olite, Pamplona, Tudela y Tafalla. Olite es la única que no le ha dedicado una imagen que lo recuerde. Sería de justicia dedicarle una escultura que lo haga presente. Esta conmemoración debe ser una celebración de agradecimiento por este rico legado medieval, pero también una proyección al futuro. No queremos que los actos programados a lo largo de todo el año se queden en ensalzar su persona y su trascendencia: como olitenses debemos dar al acontecimiento un carácter reivindicativo. Nos referimos fundamentalmente al Palacio Real, principal referente que se conserva de nuestros monarcas, el monumento más visitado de Navarra y uno de los emblemas e imagen más representativa de la Comunidad Foral en el exterior. Su importancia y reconocimiento no está en consonancia con el estado en que se encuentra y la atención que recibe.