Entorno turístico de Olite
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ANGEL GUERRERO

20 años como municipal de Olite y recientemente jubilado. Sus palabras.

¿Pero hay en este pueblo un centímetro cuadrado que no sea una maravilla?, palabras que ha escuchado Angel en sus 20 años de servicio.



2020-11-01


¿En qué año empezaste de municipal en Olite?

Aprobé las oposiciones en enero del 99. Hice las prácticas en Olite en junio. El 28 de septiembre acabé la academia en Beriáin. El 6 de octubre empecé con ilusión y también con incertidumbre ya que se me hacía extraño ir ataviado con ese uniforme y, además, en esas circunstancias el pueblo se ve desde otra óptica, incluso las personas, era una sensación extraña que con el paso del tiempo se va venciendo.

¿Quién estaba de municipal entonces en Olite?

Javier Montoya (Gildo, genio y figura), Asterio Echarri, Iosu Moriones, Antonio Cerdán en excedencia, y Luis Miguel Vélez era guarda de campo. Moriones se marchó a Egüés, entonces entraron de auxiliares Marian Alcalde y Ángel Gorri que posteriormente sacaron la plaza y fueron a la academia. Es entonces cuando se incorporaron dos nuevos auxiliares Maricruz Casanova y Javier Montoya, quien más tarde sacaría la plaza de guarda de campo y municipal.
Todo este amasijo se reduce ahora a tres municipales que se multiplican como pueden para cubrir el mayor número de horas trabajando, no lo olvidemos, los 365 días del año.

¿Cómo fue que te presentaste a policía municipal, antes a qué te dedicabas?

Estaba en paro y cansado de deambular de trabajo en trabajo sin ninguna perspectiva halagüeña de futuro. Trabajé en alcoholeras de Olite y Cenicero; bodegas de Olite y San Martín; Discoteca de Pamplona; colchonería de Pamplona; en la construcción; cogiendo espárragos y alguna otra actividad. Muchos años luchando, buscaba acomodo y asentamiento.
En aquella época no sentía inclinación alguna o devoción por esta profesión, pero con el paso del tiempo comienza uno a apreciarla y a entregarse a ella. Tratas de cumplir con tu obligación, a pesar de los posibles inconvenientes y tropiezos cotidianos procuras vivir el día con alegría. Como decía Richard Wagner: La alegría no está en las cosas, sino en nosotros.

¿Cómo era el servicio de la policía municipal, horas, turnos, compañeros, funciones…?

Cuando yo entré ya no se hacían noches. Los turnos eran de mañana y tarde. Sí que se llevaban armas, pero al llegar a la alcaldía Mari Carmen Ochoa decidió que no las lleváramos. Al no tener creado un cuerpo de policía el hecho de llevarlas o no es potestad de la jefa, en este caso la alcaldesa y ella tomó esa decisión.
Las funciones de la policía municipal ya las marca muy bien la ley:
Proteger a las autoridades de las Corporaciones locales.
Vigilancia y custodia de sus edificios.
Ordenar, señalizar y dirigir el tráfico en el casco urbano.
Atestados de accidentes de circulación.
Policía administrativa…
En Olite, además, abrir y cerrar edificios municipales, repartir correspondencia, vigilar las obras, si tienen licencia o no. Apuntar diariamente la ocupación de calle, en su caso, y disponibilidad total para lo que surja en cualquier momento.
Nosotros también mantenemos una relación y contacto directo con Policía Foral, Guardia Civil, Juzgados y Policía Nacional en numerosos asuntos de extranjería, sobre todo. Sin embargo, y a pesar de lo anterior mencionado, en Olite prevalece más el ayudar, informar y colaborar con los ciudadanos que el coartar y restringir sus libertades. Es fácil, pues, deducir que debemos hacer un equilibrio para acompasar unas funciones con las otras sin terminar maltrechos.

¿Hay muchos cambios con el servicio actual?

Las funciones son las mismas, aunque con la aparición de la Covid-19 hemos tenido que repartir material para confeccionar mascarillas y después ir a recogerlo para, más tarde, llevarlo a la lavandería y luego volver a recogerlo para trasladarlo al ayuntamiento. También reparto de material escolar por las distintas viviendas que lo necesitaban. Y eran tiempos en los que la gente no trabajaba, todo el mundo estaba en sus casas menos nosotros.
Por otra parte, en los últimos años la población de Olite ha crecido considerablemente. Solo hay que ir a las puertas del colegio a la entrada y salida de los alumnos para percatarse de este hecho. De todo esto se desprende que el trabajo también ha aumentado.

¿Qué es lo más gratificante que has atendido en estos años de servicio?

No diría un caso o una actuación concreta, sino más bien una serie de situaciones que se han dado en numerosas ocasiones. Me refiero, por ejemplo, al traslado de personas al Centro de Salud por motivos de caídas, accidentes o grave enfermedad, tanto a turistas como a vecinos de Olite. Eso es una satisfacción para el que está trabajando, el poder ayudar. Como también lo es el llegar en primer lugar, tras recibir una llamada de SOS Navarra o por aviso de algún vecino, a los domicilios donde hay problemas de salud o de peleas entre convivientes. También somos los primeros en llegar hasta los incendios, que no son pocos, y de conducir hasta ellos, cuando ha sido necesario, a la dotación de bomberos.
Otra situación placentera ha sido cuando ha llegado el Mercado Medieval y la ciudad ha estado a rebosar, al final de la jornada te marchas a casa satisfecho con el regusto de haber colaborado al orden y a la buena organización del evento. Todos estos detalles que parecen insignificantes son los que hacen tu labor gratificante.

¿Y lo peor que ha tocado atender?

Esa pregunta ya requiere, al contrario que la anterior, casos concretos. Y se trata de accidentes y muertes. Accidentes tanto en el casco urbano como en el término municipal. A todos los compañeros en nuestros respectivos turnos nos han tocado muertos, por desgracia. A mí, por ejemplo, en un turno de tarde, me tocó meter en su cama ya difunto a Bajén y, casualmente, lo hice en compañía de la enfermera, también fallecida, Juana Mari Jiménez. Otra vez, en un turno de mañana me llamó SOS Navarra para acudir con el DESA a casa de Gilmar Requena. En cinco minutos llegué a la vivienda, pero, por desgracia, acababa de fallecer. En otra ocasión, siendo alcalde Fran Legaz, que también vino a lugar del accidente, murió en la gasolinera del Litri un ciudadano de Pitillas. En otra mañana de servicio y de infausto recuerdo me tocó la muerte del joven Mario Valencia, en su casa. Fue triste y doloroso todo el desarrollo hasta que se confirmó el fallecimiento. Otro de los días señalados en el calendario como negro y desolador fue el 26 de agosto de 2003. La Virgen del Cólera. La Corporación y la banda estaban en la iglesia de los Franciscanos. Yo esperaba en la carretera junto al bar Orly. Suena el teléfono, era el alcalde de Dicastillo para darme la noticia del accidente que habían sufrido los jóvenes olitenses Carlos Goicoechea e Íñigo Espila. Me explicó los pormenores y el corazón me dio un vuelco. Fue algo duro de digerir, algo se funde en ese momento dentro de ti y también intuyes que dentro de nuestro pueblo. Al poco tiempo vi subir a la gente de la iglesia, a la Corporación y a la banda de música sin tocar. La noticia ya se había extendido. El rostro de los chavales con sus instrumentos era un poema, una escena deprimente. Es algo que nunca se puede olvidar. Al finalizar mi servicio me fui a casa y al dar la noticia a mi familia no me salían las palabras y lloré.


¿Consideras que la despedida que te hizo el ayuntamiento fue correcta o le faltó algo?

Bueno, por las circunstancias en las que nos encontrábamos por la pandemia tuvo lugar casi dos meses y medio después de mi jubilación. La verdad es que pensé que ya no habría ningún acto, pero al final sí. Hubo un aperitivo y unas palabras del teniente de alcalde Jorge Bacaicoa agradeciendo mis servicios durante estos años. Posteriormente, pude dirigir unas palabras a los compañeros allí presentes y después recibí unos bonitos regalos en los que colaboraron veinte trabajadores y trabajadoras del ayuntamiento y cinco concejales, incluida la alcaldesa. No esperaba cohetes ni fuegos artificiales.



En tus años de servicio ¿has visto evolución entre la gente de Olite? costumbres,…

Lo que más ha evolucionado ha sido el crecimiento de la población, eso se nota con un simple paseo por el pueblo (yo digo pueblo aquí, pero cuando escuchaba a algún turista decir pueblo siempre le corregía y le explicaba que Olite tiene título de ciudad desde el año 1630 por obra y gracia del rey Felipe IV, le sonreía y a seguir, ja ja).
Por lo demás, hábitos arraigados como ir al fútbol, fútbol sala, a los bares, paseos matutinos, a misa los domingos con menos gente cada vez. El rosario de octubre va disminuyendo paulatinamente. También desfallece año tras año la famosa diana de los hombres el 14 de septiembre (cuánto tenemos que aguantar en ese acto). Por el contrario, la de las mujeres va floreciendo y superándose en número, ingenio, sentido del humor y alegría con respecto a los hombres.
También ha aumentado, afortunadamente, la cantidad de niños y niñas que acuden a la Escuela de Música para deleite de los melómanos y del personal en general. Así podemos disfrutar de los conciertos que nos ofrecen tanto la Bandica como la Banda.
Asimismo, ha habido un crecimiento considerable en actos culturales de todo tipo en la Casa de Cultura, algo digno de alabanza. Se han acrecentado, igualmente, los conciertos en el castillo y otro tipo de eventos de interés. Y en cuanto a la fisonomía del pueblo el cambio ha sido notable con una gran cantidad de nuevas viviendas en diversos barrios.
En estos últimos tiempos también se han creado asociaciones nuevas como “Erriberriko Ohiua”, “La Memoria” y “El Copón”.
Antes cuando he hablado de actividades culturales y deportivas he omitido, injustificablemente, alguna de las asociaciones o grupos que también merecen mención especial. Por ejemplo, respecto a la Escuela de Música, el trabajo meritorio y esforzado que lleva a cabo la orquesta con su directora, Katia, a la cabeza. La Coral Olitense, dirigida por Echarri, premiada en un concurso que realizó ETB. La Escuela de Jotas merece una mención y un aplauso. La Rondalla que ameniza de tanto en cuanto las calles de Olite. El grupo de Danzas Txibiri que se supera de una actuación a otra. Otro grupo de personas esforzadas por dar a conocer el ajedrez. El grupo de teatro Los Cadalsos proporcionan alegres y divertidos momentos. Las Amas de Casa, muy activas y que exhiben sus trabajos en la Casa de Cultura. Un recuerdo, asimismo, a lo que fue La Casa de África que sirvió, mientras duró, para ayudar a mucha gente extranjera que llegaba sin nada, el ayuntamiento se volcó y el pueblo también. En cuanto al deporte, la labor realizada durante años por un grupo de personas para mantener vivo el baloncesto. Otro grupo también trata de reavivar y potenciar la pelota. El interés por estimular el ciclismo por parte de Lurgáin y el entusiasmo que ha puesto Ramón para que los niños practiquen atletismo. Seguro que me dejaré alguna actividad, por eso pido disculpas de antemano.

¿Hay diferencia para la policía municipal según quién gobierne? (Funciones, horarios…)

Las funciones ya las he enumerado anteriormente. En cuanto a los horarios, ahora mismo al estar solo tres agentes deben amoldarse a esa circunstancia y hacer encaje de bolillos para dar el mejor servicio y cuanto más tiempo posible. Siempre dentro de sus posibilidades y de los medios de los que disponen. Lo que dices de según quién gobierne, la verdad es que de las dos alcaldesas y dos alcaldes con los que me ha tocado trabajar y de los que he estado bajo sus órdenes no se puede decir que haya diferencias abismales. Cada uno de ellos ha tenido su propio estilo, sus ayudantes y sus prioridades. Con respecto a mí no puedo quejarme de su trato. Con todos me he llevado bien, con ninguno he tenido desencuentros grandes, quizás algún pequeño roce con Mari Carmen, será porque con ella estuve mucho más tiempo, pero era una mujer, aunque firme, comprensiva y con empatía. Ayudaba en cuanto podía y eso que tuvo que capear y arbitrar un episodio gris en los entresijos del ayuntamiento. Fue valiente, y no lo tenía fácil. Hubo un tiempo de toxicidad bien localizada en algunos momentos puntuales de aquellas etapas de gobierno.
Quizás de entre las alcaldesas y alcaldes con los que he trabajado, (sin quitar mérito a ninguno, porque no sería justo y además no se lo merecen) Andoni haya sido el más enérgico y resolutivo, el más rápido de reflejos para actuar y para ir a la raíz de los problemas, el más vigoroso.

Por otra parte, yo siempre he defendido, porque así lo creo sinceramente, que el puesto de alcalde o alcaldesa, actualmente, de Olite es tremendamente complicado. Hay un volumen elevado de trabajo, presiones de la gente de la calle, presiones de los propios trabajadores a veces, prisas, decisiones complicadas, erario escaso, y a menudo una soledad que no ayuda nada. Por lo tanto, todos ellos han merecido el respeto y la consideración por mi parte, sin querer ello decir que tenga que compartir todas sus decisiones, como es lógico. Una vez dicho esto, también debo dejar claro que habría agradecido y aplaudido un mayor y continuado acercamiento con la policía municipal.


¿Cambian las funciones de la policía según quién gobierne?


No, no cambian. Solo que existe la peculiaridad de que algunos, además de como policías, nos han querido como conserjes, recaderos, asistentes personales, etc. Y en cierta medida puedo llegar a comprenderlo ya que nosotros trabajamos los 365 días del año y estamos siempre a disposición tanto en el horario de trabajo como desde casa.
Además, son innumerables las ocasiones en que nosotros nos llamamos por teléfono estando fuera de servicio. Dudas, confirmaciones, novedades, informaciones, cambios en algún expediente o actuación…forma parte inseparable de nuestro trabajo.

¿Piensas que la policía municipal está reconocida como se merece?

Hay una frase que responde a tu pregunta con respecto a las policías: “Nadie nos quiere hasta que nos necesita”.
Creo que en cada pueblo, en cada ciudad, en cada país, incluso en cada capa social de cualquier sociedad esto tendrá más o menos validez, estará más o menos arraigado. Personalmente y en el entorno en que yo he vivido este ambiente policial puedo decir que, salvo excepciones, he sentido el respeto y la atención sincera de la gente. En Olite, durante estos años, ser policía y también ser Ángel Guerrero ha requerido un equilibrio complicadísimo. Por un lado debes cumplir con tu obligación como funcionario al servicio del ayuntamiento y por otro debes convivir día a día con los ciudadanos. Por eso doy gracias a la sabia naturaleza que me ha permitido llegar hasta el fin de mi vida laboral sin grandes estragos en mi relación con la gente y, al mismo tiempo, realizando mis funciones todo lo mejor que he podido. Y estoy convencido de que en muchas ocasiones lo podía haber hecho mejor, soy consciente de ello.

¿Con qué te quedas de estos años como municipal?

Con el placer de haber terminado mi vida laboral sirviendo en mi pueblo y de haber estrechado mis lazos de amistad con mucha más gente. Con todo el conocimiento que he podido adquirir de la sabiduría popular, sobre todo de las personas mayores. Con el trato, en general, de respeto y comprensión que he recibido de las personas de Olite. Es cierto que, en su mayoría, la gente de nuestro pueblo es comedida, educada y correcta y eso facilita el trabajo de un policía.
También me quedo con la buena sintonía y afinidad de mis compañeros, apoyándonos en todo momento y remando en la misma dirección ante circunstancias que no siempre han sido favorables. Muchas gracias siempre a ellos.
Otra de las cosas gratas de este trabajo es el goteo de comentarios hacia la belleza de Olite. Hay una frase que nunca olvido y que me hizo un señor que se encontraba de excursión con un grupo valenciano. Yo estaba en la plaza junto a la fuente y él se acercó para decirme con énfasis mirándome fijo a los ojos: “Buenos días agente, ¿pero hay en este pueblo un centímetro cuadrado que no sea una maravilla?” Le sonreí, le di las gracias por su comentario y mantuvimos una entretenida conversación.
Por último, quiero mandar un recuerdo afectuoso a todos los miembros de las diferentes corporaciones con las que he convivido, y un recuerdo especial a dos concejales ya fallecidos. Rafael Alfaro y Evaristo Calzada. Ambos trabajaron mucho por Olite cada cual a su estilo y en su ámbito correspondiente y los dos eran buenas personas.
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