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Crónica de Agnès de Clèves y de su boda con el Príncipe de Viana
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HISTORIA DE OLITE

 

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Crónica de Agnès de Clèves y de su boda con el Príncipe de Viana

Estudios recientes han sacado a la luz algunos detalles interesantes de la vida de Agnès de Clèves, la princesa que se casó en 1439 con Carlos el Príncipe de Viana. La historiografía no le ha prestado casi ninguna atención, hay poca documentación y Agnès ha pasado de puntillas por la historia: murió muy joven (26 años) y eclipsada por Carlos, figura más atractiva para los historiadores y más documentada. Quedaba en un segundo plano como la mayoría de las mujeres, que se perciben con mucha más dificultad que los hombres a lo largo de la historia.


La intención de esta charla es ofrecer nuevos datos sobre Agnès, que los hay sobre todo en los archivos de su tierra; poner la pareja bajo el foco de la cuestión sucesoria al trono navarro y de las inacabables disputas con Castilla; y finalmente hablar de los preparativos de la boda y de cómo les fue la vida el poco tiempo que estuvieron casados, sin perder de vista este difícil contexto que les rodeó y marcó.


AGNÈS: Nace el 24 de febrero de 1422 (tenía por lo tanto 9 meses menos que Carlos) en la hoy ciudad alemana de Kleve, cerca del Rin y de la frontera holandesa.
El dato clave a tener en cuenta es que era sobrina del duque de Borgoña. Hija de Adolfo de Clèves y María de Borgoña, hermana mayor del poderoso Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, por aquel entonces la corte más espectacular y grandiosa.
Conocemos algunos sus rasgos gracias a los retratos que se han conservados de su padre y hermanos, aunque no de ella. Los que la conocieron en vida dejaron un retrato amable: Isabel, su tía, la solía llamar “hermosa sobrina” (belle niepce). María, tía de Carlos, en una entrañable carta que envió al príncipe para consolarle por la muerte de Agnès dice de ella que: “la amábamos por estar dotada de virtudes”. Y el poeta del Príncipe de Viana, Pere Torroella escribió a su muerte que conjugaba: “honestidad y belleza, juventud y seso, alegría y templanza”.


En cuanto a su carácter gracias a los trabajos de Monique Sommé sobre Isabel de Portugal, mujer del Duque de Borgoña sabemos más. Desde los 11 años Agnès está en la ostentosa corte de Borgoña y de la mano de sus tíos vive toda esta fastuosidad, se acostumbró a ella y este gusto lo traslada a Navarra.


Poco más podemos decir de ella salvo un suceso determinante: Al poco de llegar un hecho inesperado hizo mella en su carácter. Llegó a Navarra con un plan: ser su futura reina, no solo de Navarra, sino probablemente de Aragón, pero a causa del testamento de su suegra, que ella no conocía, vio peligrar este plan. La desilusión fue aún mayor tras la segunda boda de su suegro con Juana Enríquez; entonces perdió toda esperanza de ser reina. En este contexto hay que situar las embajadas borgoñonas que negocian la rebaja de la dote (entre julio y diciembre de 1442). Este fracaso fue doloroso y no es difícil de imaginar: no podía cumplir el objetivo para el que había abandonado su tierra y su familia, estaba alejada de su país, poco a poco sin sus amigos ni su séquito que habían regresado a su tierra. Poco después de este giro brusco la espiral de hostilidad con Castilla fue en aumento absorbiendo los intereses de Carlos, sobre todo a partir de la derrota de su padre en Olmedo (1445), y alejándolos mutuamente (no tuvieron hijos).


Su muerte se produjo el 6 de abril de 1448, parece ser que de una manera muy repentina aunque no sabemos la causa. Las solemnes exequias fúnebres fueron celebradas en Santa María. Al día siguiente su cadáver fue llevado a Pamplona. El luctuoso cortejo fúnebre tardó dos días en llegar y el martes 9 de abril su cuerpo fue enterrado en Santa María de Pamplona. La triste noticia llegó al Ducado de Borgoña y su familia celebró una misa por su alma en la Iglesia de Notre Dame d’Hesdin el 6 de julio.
                                         
CARLOS: Con 36 años, Blanca de Navarra da a luz el 29 de mayo de 1421 en Peñafiel al primogénito de su joven esposo Juan, infante de Aragón: Carlos de Trastámara y de Navarra. En este caso los datos claves son haber nacido Trastámara y que su padre fuera una de las personalidades más arrolladoras del siglo XV peninsular.


La cuestión sucesoria es importante por sus consecuencias, también para esta pareja. Según los Fueros y costumbres del reino, tras la muerte de Blanca de Evreux, reina propietaria del reino, la corona debía pasar a su hijo, y no a su esposo, que no era más que rey consorte. La reina en su testamento no discute que el título le corresponde a su hijo primogénito pero le ruega que lo tome con la “benevolencia y bendición del dicho señor rey, su padre” y “que guarde y observe inviolablemente esta nuestra presente ordenanza y última voluntad”. Muchos se han preguntado por qué la reina redactó en estos términos su testamento, fechado por cierto seis meses antes de la boda de Agnès y Carlos. Eloísa Ramírez Vaquero, da una razón bastante creíble. La reina confirma que el título es de su hijo pero ante el continuo enfrentamiento con Castilla, no cree conveniente separar a su esposo del trono navarro ya que debilitaría su posición y eso también es malo para Carlos, su heredero; la reina sabía que Juan conocía mejor que Carlos la conflictiva situación política. Por todo ello, la reina no plantea ningún ruego al Príncipe de Viana sino que le da una orden para ser acatada como su última voluntad. Blanca para asegurar el futuro de sus hijos, que en ese momento estaban destinados a ser reyes (Carlos de Navarra y Aragón y Blanca de Castilla), piensa en Juan, no en Carlos. Esta decisión parece demostrar que la instrucción política de Carlos, recordemos educado en la corte de su abuelo y en la que la reina tuvo un papel determinante, había sido muy poco realista y muy limitada, tradicional. Lo cierto es que la jugada no le salió como esperaba, ni mucho menos. No calibró bien que dejaba a Carlos en una posición débil frente a su padre, aunque imagino que no se le pasó por la cabeza que su marido e hijo acabaran siendo adversarios. No sabemos si este testamento se redactó contra la opinión de Carlos, pero desde luego tuvo como efecto la rebaja de la dote de Agnès e hizo mucha mella en los dos.


LA BODA: El matrimonio fue directamente gestionado por la duquesa quien firmó con los embajadores navarros Juan Galindo, Prior de Roncesvalles y el caballero León de Garro, el tratado matrimonial en Douai el 26 de junio de 1438; los duques de Borgoña prometían a su sobrina una dote de 200.000 francos en moneda de oro.
El tesoro con el que Agnès llegó a Navarra era impresionante: no solo llegaba con joyas y ropas suntuosas sino también con objetos religiosos, vajilla, tapicería... Monique Sommé describe minuciosamente este tesoro:

-Collares de más de un kilo de oro, una nave de oro con las armas de Agnès que pasaba 6 kilos y medio, etc.

-Vestidos para la princesa y todo su séquito tejidos con brocado de oro, de terciopelo y forrados de armiño, marta o ardilla.

-Aparte de este tesoro la importancia dada por los Duques de Borgoña al matrimonio de su sobrina la revela su séquito. Los nobles citados, hombres y mujeres, sumaron en torno a 90, sin contar sus servidores. Al frente del séquito iba su hermano Juan de Clèves, acompañado de su gran amigo Jacques Lalaing, curioso personaje que años más tarde visitaría Navarra como caballero andante y sobre el que se escribió un libro de aventuras.

- El mismo lujo se puede ver en el arreglo de una litera y dos carruajes articulados asignados a la princesa y sus damas para sus traslados por tierra, pintados con las armas del PV, enlonados e impermeabilizados.


El viaje se preparó de forma muy concienzuda. En enero de 1439 se pagaron 24 libras a un carretero "para comprobar y visitar los caminos desde aquí al país de Navarra, para saber si se podía llevar con seguridad y conducir el equipaje de valor de la princesa”. Se contrataron ocho carros grandes, cada uno tirado por 7 caballos, para cargar el equipaje de la princesa. Agnès finalmente se embarcó, sin duda en la segunda quincena del mes de julio desde L’Ecluse (hoy Sluis), en una de las dos carabelas que el Duque había construido hacía unos meses en Bruselas, y navegando a cabotaje llegaron sin incidentes a Bilbao. Desde Bilbao Agnès envía un mensajero a Olite el 10 de agosto.
         En Bilbao les esperaba una comitiva presidida por el canciller de Navarra, don Juan de Beaumont y compuesta por más de 60 personas y 120 cabalgaduras. Tardaron 6 días en cargar todo el equipaje y dote de la princesa.


Mientras tanto, también en Navarra los preparativos de la boda necesitaron de numerosos recursos. Las cortes de Navarra decidieron pedir 6 cuarteles de ayudas extraordinarias y votaron 15.000 florines para gastos necesarios. Estas “ayudas” eran impuestos especiales que se cargaban al pueblo.


Se movilizó a un numeroso grupo de trabajadores: mercaderes de telas y paños como Michelco Echevarría, Violante, la bordadora, para hacer trajes de boda; albañiles y carpinteros como Gil de Mares que construye una cocina nueva con su chimenea, mesas y bancos para la Gran Sala; Mahoma Santa Cruz, entela todas las ventanas del Palacio para que el otoño moleste lo menos posible.


Agnès y Carlos se vieron por primera vez el 5 de septiembre en Estella. Para ello se arreglaron cinco habitaciones destinadas al alojamiento de la princesa. Los dos llegaron bien entrada la tarde, para la hora de cenar. En ese momento se conocieron en persona, pero nada más sabemos de ese encuentro.


Las bodas se celebraron finalmente el 30 de septiembre de 1439, Agnès tenía 17 años y Carlos 18. Reunieron en Olite a todas las personalidades del reino además de las que habían venido de Borgoña, de Foix y de los representantes castellanos y aragoneses.


         Las campanas de todo Olite repicaron cuando los novios, bajo dos palios decorados con paños de oro, desde el Palacio se dirigieron a Santa María. Siguiendo la comitiva, trompeteros con pendones de terciopelo rojo y tamborileros, anunciaron el gran acontecimiento que iba a tener lugar. Los novios hicieron una ofrenda de cirios a Santa María.


         Terminado el ritual dieron comienzo los banquetes, los festejos y los torneos que duraron tres días. Los cocineros y panaderos sirvieron en la mesa carnes variadas: carnero, buey, lechones, perniles, gallinas, perdices, conejos. También pescado fresco y seco: el último día de las celebraciones era viernes, es decir, día de abstinencia, y sólo se comió pescado. Fresco era, sobre todo, el de río, barbos y truchas, y seco, la merluza. Verduras no se sirvieron muchas, al contrario de las frutas que eran señal de lujo (uvas, higos, duraznos, melones, nueces) y confituras variadas (de anís, cilantro, almendras).


La corte navarra bebía sobre todo vino: colorado, blanco, clarea, que es una mezcla de vino blanco con miel y plantas aromáticas, vino moscatel, vino grec, espumoso que los príncipes tomaban para almorzar, etc.


         Los convites y los demás festejos fueron amenizados por músicos y juglares, unos venidos de Borgoña, otros traídos expresamente desde Xátiva y otros ya moraban el palacio como John Oldfeld, el arpista londinense del príncipe. Se trajo un enano para la princesa y una famosa “loca” desde Zaragoza para alegrar esos días.


Hubo además vistosos torneos para los cuales "se aplanó la plaza de justar" y se arreglaron, para verlos mejor, los suelos de algunas torres. Se adquirieron diez docenas de lanzas para estas justas.
        
PARA TERMINAR ¿CÓMO LES FUE?: Paradójicamente tras la muerte de doña Blanca los príncipes vivieron sus días más felices. Juan, como siempre más centrado en sus intereses en Castilla, le había dado la lugartenencia de Navarra y el príncipe tenía vía libre, junto con Agnes y sus cuñados, Leonor y Gastón, todos ellos menores de 20 años, para disfrutar de una existencia feliz y despreocupada, llena de fiestas, bailes y otras diversiones. Las cuentas del reino nos revelan que a partir de la boda los gastos de Carlos y Agnès en ropa, objetos de lujo, fiestas, etc., aumentan considerablemente, a pesar de lo maltrecho de las arcas.


A los dos les gustan las pieles y una gran cantidad de documentos ofrecen datos sobre sus encargos. Por ejemplo en 1442 compra unas bandas para una “tocadura francesa” y el mismo año compra un vestido violeta “fecho a la guisa de Navarre”.


A los dos les gustan las joyas. Agnès se trae un buen montón de joyas de Borgoña pero sigue encargándolas aquí: en 1443 ordena a su escudero que le traiga de Castilla “ciertas joyas”.


A los dos les gusta montar a caballo y bailar. Son llamativos los gastos relativos tanto al personal de los establos como de la compra de artículos para montar a caballo.


Las yeguas de los príncipes manifiestan también el gusto por el lujo: están cubiertas de seda violeta de Bristol y de seda turquesa de Londres, las sillas de montar, las bridas, las espuelas y los estribos están finamente trabajados.


En cuanto a la danza las noticias de bailes aumentan de manera significativa a partir de 1439.


Sin embargo, estos días de vino y rosas no van a durar demasiado. La documentación confirma que la situación financiera del reino era complicada, el grueso de los ingresos proviene de ayudas extraordinarias que se cargan sobre el pueblo, no de ingresos patrimoniales, y los fuertes gastos de la corte no ayudan nada. Otro acontecimiento que tendrá negras consecuencias es el testamento de la reina Blanca porque da lugar a la crisis sucesoria que hemos referido. Lo cierto es que esta discordia familiar podría haberse resuelto de otra manera de no haber sido por la continua confrontación de Juan con el Rey de Castilla. Juan siempre estuvo inmerso en sus inacabables disputas con los reyes de Castilla; pero tras la derrota de Olmedo, regresa a Navarra y convoca Cortes con el único objetivo de recabar ayudas para sus intereses. Y más tarde, en 1447 se casa, sin comunicar nada a su hijo ni a las Cortes navarras, con Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla, poderosa y adinerada familia castellana.


Y quizá, solo quizá, hay otro motivo más para el desencanto: Carlos, y en esto se parecía a su padre, tiene varias amantes con las que por cierto sí tuvo hijo. El inicio de su relación con María de Armendáriz es incierto. María es una de las damas de la reina Blanca de Navarra y aparece ya documentada desde 1441 en vida de Agnès. Al morir Blanca, pasa a ser doncella de Leonor, la hermana pequeña del PV. En 1443 volvemos a tener noticias suyas cuando el príncipe le concede 750 libras por los servicios prestados a la reina Blanca (dos años después de su muerte) y también como ayuda para su matrimonio. Por estos cuantiosos dones podríamos sospechar que su relación comenzó en vida de Agnès, pero no lo sabemos ciertamente. Lo suyo fue un idilio apasionado, Carlos siempre se refiere a ella en sus cartas como “mi amor y señora”. En 1451 María está embarazada y Carlos se responsabilizaba: “Yo el príncipe doy mi buena fe a vos, doña María de Armendáriz, que habiendo de vos alguna criatura o criaturas, yo os tomaré por mujer mía”.


Como conclusión, la crónica de esta pareja y de su boda nos ha dado pie para relatar momentos de felicidad, pero hechos pedazos por la complicada situación política entre los reinos de Castilla y Navarra, razón por la que fracasaron sus planes.

Bruselas, Archivos generales del Reino, Acquits de Lille, 2087.

Archivo de la Corona de Aragón, C, reg. 3269, fol. 153 r.

Vida y obra de Pere Toroella, Francisco Javier Rodríguez Risquete, pág, 530 y ss. Tesis doctoral no publicada.

Isabelle de Portugal, Duchesse de Bourgogne, Monique Sommé, Septentrion, 1998.

Ibídem, pág. 70-71.

Archives Départementales du Nord, Lille, B, 1972, fol. 102. AGN, Comptos, caj. 148, 16.

ADN, B 2000, fol. 165 y 168V-169.

“La reina Blanca y Navarra”, Eloísa Ramírez Vaquero. Revista Príncipe de Viana, 1999, nº 217, págs. 323-340

ADN, B 426, nº 15710.

ADN, B 1978, fol 265 r-v.

“Les jeunes nobles à la court de Bourgogne sous Philippe Le Bon”, Monique Sommé, 2002.

ADN, B, 1966, fol. 315.

ADN, B, 1966, fol 123 v.

AGN comptos, caj. 142, 15.

AGN, sección comptos 145, 29.

AGN, registro de Comptos, nº 441, fols. 202 y ss.

AGN sección Comptos 144, 4.

AGN, sección Comptos 142, 13.

AGN 40, doc 1066.

AGN libro 40, doc 484.

AGN Comptos, caj. 150, 27 X.

A. PAZ Series, doc. XLIII, p. 55 s.d.

A.PAZ Series, doc. XLV, p. 56.


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