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OLITE
Historia de una dependencia 1093-1851 de Montearagon a Barbastro

OLITE. HISTORIA DE UNA DEPENDENCIA 1093 - 1851
DE MONTEARAGÓN A BARBASTRO

 

Cuando el viajero sale de Huesca en dirección a Barbastro le llama la atención las ruinas de una fortaleza situada en un cerro. Nos atrae y nos invita a llegarnos. Se trata del castillo-abadía de Montearagón, relacionado, como veremos, con Olite.

Sancho Ramírez inaugura la dinastía de monarcas de Pamplona y Aragón (1076 - 1134). El reconocimiento inicial como rey por Ujué. le convirtió en su gran protector: les concedió un fuero y obra suya es la parte románica del santuario. En 1086 adscribió diversas iglesias a Santa María de Ujué, y entre ellas la de Olite. Es la primera cita documental ya con el nombre de Olit. Dice: “similiter donamus ibi illas ecclesias de nostra almunia de Olit cum omnibus decimis et primiciis et omnibus directaticis suis ab integris”.

Como rey de Aragón su empresa más importante fue la conquista de Huesca y para ello levantó una impresionante fortaleza a vista de la ciudad: Montearagón. Para contribuir a su construcción Sancho Ramírez, en 1093, la dotó espléndidamente con las iglesias de veintidós pueblos navarros con todos sus diezmos, primicias, posesiones, beneficios y capellanías. Los pueblos eran los siguientes: Funes, Villafranca, Peñalén, Marcilla, Milagro, Arlas, Murillo el Fruto, Santacara, Carcastillo, Villazorig, Rada, Larraga, San Salvador de Puente del Arga, la iglesia del castillo de Estella, las iglesias de Ibero, Santa María de Ujué y Santa María de Unzué, Olite, Leguín, Echave, San Juan de Sangüesa y San Julián de Aibar, además de otras muchas rentas en Navarra y en la parte aragonesa de la diócesis de Pamplona. Comienza una larga historia de dependencia de sedes aragonesas.

Una vez conquistada Huesca por Pedro I en 1096, el monarca concedió el castillo a la comunidad monástica del castillo de Loarre y con la advocación de Jesús Nazareno adoptaron la regla de San Agustín. Adquirieron los derechos sobre las iglesias donadas: nombramiento de clérigos, visitas pastorales, cobro de diezmos y primicias… y también el patrocinio de nuevas iglesias. Este patronato del Abad de Montearagón quedó reflejado en las iglesias de Ujué y Olite. En Ujué, escudos de los abades figuran en las claves de la bóveda y en las pinturas del coro. En Olite en la parte inferior del tímpano de la iglesia de San Pedro figura la fecha de donación a Montearagón: ANNO DOMINI M.X.C III. y alguno de los escudos perdidos de las arquivoltas testimoniaba su potestad.

La información más numerosa sobre Montearagón nos la proporciona el Archivo Histórico Nacional, sin embargo, los datos más cercanos nos los aporta la documentación de Comptos (AGN) y los archivos locales. El archivo parroquial y el municipal se hacen eco de esa dependencia y conservan documentos que lo testimonian. Un par de ejemplos. En 1265 el Abad de Montearagón, Joan Garcés de Oriz arrienda la iglesia de San Pedro con todos sus derechos y pertenencias a los clérigos de Olite. Unos años más tarde, en 1313, Pero López de Luna, abad del monasterio de Jesús Nazareno de Montearagón, concede al concejo de Olite, al comendador en Olite de la orden de San Antón y al vicario de San Pedro de Olite que veinticuatro racioneros y los seis infantes de esta iglesia sean vecinos o hijos de los vecinos de la villa. En ambos documentos el abad de Montearagón realiza importantes concesiones de sus derechos iniciales.

Los sucesivos obispos de Pamplona pleitearán por conseguir que las iglesias vuelvan a la autoridad de la diócesis. Una vez que se separaron los reinos de Pamplona y Aragón se consideraba injusta la situación creada y mantenida en el tiempo. García Ramírez “el Restaurador” reintegró las iglesias navarras a la diócesis de Pamplona, pero la diplomacia aragonesa en Roma lo impidió. En 1262 el abad de Montearagón, Joan Garcés de Óriz, antiguo canónigo de Pamplona, concertó una concordia con Pedro Ximénez de Gazólaz, obispo de Pamplona, sobre el modo de colectar los diezmos y de sacar el cuarto episcopal en las iglesias navarras sujetas a dicho monasterio. Con el tiempo el obispo pamplonés irá adquiriendo diversos derechos y muchas de las iglesias volverán a la jurisdicción de la diócesis de Pamplona.

Habría que precisar que a principios del siglo XIII el territorio navarro se repartía en seis diócesis y que a la diócesis de Pamplona pertenecían iglesias de Aragón (la Valdonsella pasa a Jaca en 1785)  y de Guipúzcoa  (pasan a la diócesis de Vitoria en 1861). Otra historia es la diócesis de Tudela.

Entre 1545 y 1563, convocado por el Papa Paulo III, se celebró el Concilio de Trento, dando lugar a numerosos y significativos cambios en la Iglesia. En una de las sesiones se trató sobre la reforma de la jurisdicción episcopal y de la supervisión de los obispos. Entre otras disposiciones se acuerda "que ninguna parroquia ni vicaría perpetua esté unida y dependiente de dignidad, monasterio o beneficio de distinta diócesis"; por lo tanto, tenía que modificarse o abolirse la dependencia de Olite del abad de Montearagón. Sin embargo, aunque su autoridad quedó restringida, nada cambió en las relaciones con la abadía aragonesa.

En este mismo siglo tiene lugar otro acontecimiento trascendental. El 18 de junio de 1571 se erige la diócesis Barbastro, por deseo de Felipe II, mediante la bula de San Pío V, "In inminenti militantis Ecclesiae spacula". Las parroquias de la nueva diócesis habían sido desmembradas de las jurisdicciones de Huesca y Lérida, y de los monasterios de San Victorián, Montearagón y San Juan de la Peña. La razón era el poder controlar mejor ese espacio montañoso, máxime cuando “confinaba con tierras de herehes, cuya circunstancia exigía la presencia continua de un pastor que velase por su rey". La finalidad era impedir y controlar la entrada de las ideas de la reforma protestante desde Francia. A partir de este momento las iglesias de Olite pasarán a depender de Barbastro.

Olite no muestra beligerancia para acabar con esta dependencia. El Cabildo eclesiástico mandó una comisión a visitar y presentar sus respetos al nuevo Abad, el obispo de Barbastro. En los libros y en la correspondencia se refieren al obispo de Barbastro como abad de las parroquiales unidas de Olite y mantiene el título de abad de Montearagón.

Es significativo que para conocer el pago de los diezmos a las parroquias de Olite nos tengamos que ir al archivo diocesano de Barbastro. Ahí encontramos la parte que le correspondía al obispo de Barbastro de la aportación de los fieles en trigo, cebada, centeno, avena, habas, lino y cáñamo. En los archivos locales no se ha conservado documentación alguna.

Durante la dependencia de Montearagón, sus abades visitaban con alguna frecuencia Olite; pero desde que recayó en el obispo de Barbastro, éste nombraba su vicario general o representante, extendía los nombramientos de vicarios, recibía la parte que le tocaba de los diezmos, y nada más.

Estando de paso a Pamplona el obispo de Barbastro, Francisco de Paula Garcés Marcilla, en el año 1707, el párroco de San Pedro José de Revillas y Santander, su vicario, consiguió que viniese a Olite. Fue recibido con todos los honores en San Pedro, se sentó en su silla abacial del coro y concedió indulgencias a los que rezaran alguna oración ante las imágenes de San Pedro, la Virgen del Rosario, Santas Inés y Margarita y Santos Juanes Bautista y Evangelista.

Además de Olite, los pueblos de Navarra que todavía dependían del obispo de Barbastro en el siglo XIX eran Pitillas, Rada, Santacara, Mélida, Milagro y Villafranca.

El punto final de esta situación no llegó ni por la presión de los pueblos ni del obispado, sino desde instancias superiores. En 1851 el gobierno llegó a un acuerdo con la Santa Sede y se formalizó el Concordato, por el cual el gobierno se comprometía a mantener el culto católico y sus ministros. A partir de este momento todos los párrocos pasan a depender única y exclusivamente del obispo diocesano. La diócesis de Barbastro fue suprimida en virtud del Concordato, pero logró sortear tal supresión hasta 1896.

El año 1853, el obispo de Barbastro cedió a la parroquia de San Pedro los lagares que tenía para la uva del diezmo, con la condición de que la iglesia se hiciera cargo del sermón del día de la Stma. Trinidad, que hasta entonces costeaba él. Fue el último vestigio de la larga dependencia del obispo de Barbastro.

 

Javier Corcín Ortigosa

 


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