La misionera Pilar Ulibarrena Martínez de Ibarreta, de 76 años y natural de Olite, está siendo testigo del desastre que vive estos días Pakistán
21/08/2010
Texto: Diario de Navarra
La misionera Pilar Ulibarrena Martínez de Ibarreta, de 76 años y natural de Olite, está siendo testigo del desastre que vive estos días Pakistán. Las inundaciones provocadas por las lluvias de los monzones han dejado ya 20 millones de damnificados y una quinta parte del país anegada, asegura la religiosa.
Naciones Unidas se ha movilizado para pedir la ayuda internacional que, de momento, llega a cuenta gotas. Según la ONU la catástrofe humanitaria ya supera a la de Haití aunque la repercusión internacional no ha sido similar, posiblemente porque los problemas con las inundaciones no son visibles en unos pocos segundos, como ocurre con los terremotos, sino que pasan días o semanas hasta conocer el alcance del problema.
"No hay carreteras, no llega la comida, las tierras de cultivo están arrasadas y es muy difícil distribuir la ayuda", corrobora Pilar Ulibarrena desde Pakistán.
La misionera, que pertenece a la congregación de las Franciscanas Misioneras de María, llegó a Pakistán en 1968 y trabaja como enfermera en un hospital para desahuciados de Rawalpindi, una ciudad cercana a la capital del país (Islamabad). Se trata del centro de acogida San José, abierto en 1964 por un misionero irlandés. El hospital no se encuentra en una zona muy afectada por las riadas, según Ulibarrena. Sin embargo, la misionera cree que la catástrofe acabará teniendo un efecto rebote y que repercutirá en todo el país.
Varios días sin noticias
Pilar Ulibarrena estaba en un retiro descansando cuando se produjeron las inundaciones, a finales de julio. Estaba en una zona montañosa que aguantó lo peor de la lluvia, relató. Con todo, "llovió cuatro días y cuatro noches sin parar. Era como el diluvio", afirmó. "Esperábamos que hubiese inundaciones pero no tanto". Al regresar a Rawalpindi, la misionera tomó plena conciencia de la magnitud de las inundaciones. "Está todo destruido", confirmó con pena.
También se comunicó con su familia, que llevaba varios días intentado conocer su paradero. "Nos comunicamos por internet y le habíamos mandado varios correos pero no respondía", relató su prima Mª Dolores Martínez de Ibarreta, que reside en Pamplona. Su hermano Javier vive en Santiago de Compostela. La semana pasada, añadió, la misionera pudo enviar un breve mensaje en el que aseguraba que se encontraba "bien" y que internet apenas funcionaba. "Nos quedamos tranquilos aunque sabemos que la situación ahora es complicada", comentó Mª Dolores.